En los últimos meses, gran parte del mundo se ha enfrentado a una serie de olas de calor, inundaciones e incendios devastadores. Julio de 2023 fue declarado oficialmente el mes más caluroso jamás registrado a nivel mundial, lo que confirma que el clima es cada vez más cálido y menos predecible.

Conforme el cambio climático se convierte en un hecho, la necesidad de encontrar soluciones para la mitigación y adaptación a esta realidad se vuelve más urgente. En este sentido, los inversores pueden desempeñar un papel decisivo a la hora de acelerar la puesta en marcha de esas soluciones y beneficiarse de un potencial de rentabilidad considerable, siempre y cuando sean capaces de sortear los riesgos asociados. Ahora bien, para encontrar oportunidades de inversión hace falta conocer a fondo el contexto de la inversión climática. A continuación, proponemos un marco basado en la experiencia de más de una década de nuestro equipo de inversión climática. 

Descripción del contexto general

La inversión climática cuenta con un creciente respaldo legislativo. Países de todo el mundo están adoptando cada vez más medidas para reducir su dependencia de los combustibles fósiles. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que, al menos en lo que resta de década, se invertirán aproximadamente 2 billones de dólares al año solo en energías limpias.

No es ninguna coincidencia que gran parte de esta normativa se aprobara tras la invasión rusa de Ucrania, la cual puso de manifiesto la precariedad de la seguridad energética y el acceso a los recursos. La transición climática se está convirtiendo cada vez más en una vía para que los países reduzcan las emisiones de carbono y, lo que es más importante, alcancen la seguridad y la independencia energéticas.

La inversión climática no se limita a la energía. Aunque la energía representa una parte importante de la oportunidad, consideramos que es un elemento más de la transición climática en curso. Es cierto que la energía es el principal mercado potencial, pero el clima afecta a todas las infraestructuras físicas del mundo: un conjunto de sistemas diferentes, cada uno de ellos compuesto por activos interconectados. Cada uno de estos sistemas, bien sea energía, electricidad, alimentación, agricultura o transporte, ha sufrido un déficit de inversión en las últimas décadas. Para nosotros, lo más destacado de la inversión climática es que ahora todos estos sistemas se están renovando y rediseñando con un claro enfoque en la sostenibilidad y la eficiencia.

Para los inversores climáticos, el binomio energía-tecnología es cada vez más importante. Una de las cosas que aprendimos del mundo de la tecnología es que los programas informáticos, aunque no se hayan implantado de forma sistemática en todas las áreas de la economía, poseen una capacidad única para mejorar la productividad. Si hasta hace poco el sector de la energía no había experimentado grandes innovaciones, ahora estamos asistiendo a una proliferación de tecnologías que permiten y aceleran la transición climática. 

Por qué la climatología ha de ser un referente para los inversores

Es posible que uno de los mayores retos de la inversión climática sea el hecho de que debamos mirar hacia el futuro, pero no podamos extrapolar correctamente el cambio climático a partir del pasado. Para ello, utilizamos la climatología como referencia. Nuestra experiencia nos dice que la incorporación sistemática de datos climáticos procedentes de nuestras colaboraciones en materia de investigación con el Centro de Investigación Climática Woodwell y el Programa Conjunto del MIT sobre la Ciencia y la Política del Cambio Global puede ayudarnos a ampliar los horizontes temporales e identificar oportunidades a largo plazo que han sido infravaloradas.

Por ejemplo, a través de la cooperación con Woodwell detectamos que la tecnología agrícola se iba a convertir en una temática importante dentro de la cartera climática. El motivo es que muchos de los alimentos que consumimos se cultivan cerca del ecuador, en zonas especialmente expuestas a condiciones meteorológicas extremas. Este descubrimiento nos llevó a centrarnos en empresas que contribuyen a que la producción agrícola sea más eficiente, productiva y resiliente.  

¿Cómo afecta esto a las oportunidades de inversión climática?

Hemos creado un marco para definir las cinco áreas clave en las que queremos invertir dentro de nuestras carteras de inversión climática, y que abarcan tanto la mitigación del cambio climático como la adaptación al mismo.

Electricidad con bajas emisiones de carbono: empresas que suministran energías renovables y combustibles alternativos, así como aquellas que facilitan un rediseño orientado a la electrificación de la infraestructura energética.

Eficiencia energética: empresas que ofrecen tecnologías utilizadas en redes inteligentes, soluciones de eficiencia de la demanda o materiales de construcción innovadores.
Transporte con bajas emisiones de carbono: empresas que participan en el desarrollo de vehículos eléctricos, estaciones de carga, tecnología de baterías o tecnologías como el ferrocarril eléctrico autónomo y fiable.

Gestión del agua y de los recursos: empresas que proporcionan tecnología agrícola y protección de cultivos y compañías de tratamiento de aguas centradas en la lucha contra la escasez de agua.

Infraestructuras resilientes al clima: empresas que colaboran en la fabricación de materiales de construcción resilientes al clima o capaces de analizar y evaluar la probabilidad de riesgo climático físico y, por tanto, de desempeñar un papel vital en nuestra incorporación y adaptación al creciente impacto del cambio climático.

¿Cuál es el futuro de la inversión climática?

Creemos que la tecnología seguirá siendo protagonista y, aunque todos esperamos que se produzca un gran avance tecnológico, como la fusión nuclear o la captura de carbono a gran escala, lo más probable es que la solución al cambio climático provenga de un conjunto de soluciones que abarquen muchos sectores y regiones, y que las mejoras, aunque sean graduales, contribuyan a acelerar el proceso. Confiamos en que la IA ocupe un lugar importante en la transición climática, aunque tendremos que estar atentos a las oportunidades y riesgos. Con todo, estamos convencidos de que la IA contribuirá a que el análisis y la gestión de sistemas como la energía, la electricidad, la agricultura, la fabricación, etc., mejoren desde el punto de vista de la eficiencia y la sostenibilidad.

La adaptación al cambio climático se realizará a un ritmo desigual, lo que generará ganadores y perdedores. Aunque creemos que los mercados penalizarán cada vez más a los rezagados, los inversores que encabecen ese proceso de «selección natural» dispondrán, en nuestra opinión, de una oportunidad adicional para generar rendimientos y acelerar la transición esencial hacia las cero emisiones netas y la adaptación al cambio climático.

En resumen, pensamos que la inversión climática reviste gran interés tanto desde el punto de vista financiero como de la sostenibilidad. Por esta razón, opinamos que, para llevar a cabo con éxito la transición, se necesita un enfoque bottom-up basado en la investigación y con parámetros sólidos que garanticen que las inversiones son rentables desde el punto de vista financiero y que, a la vez, aportan una diferencia material medible. 

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