Este año ha sido el más extraño de todos, ya que ha sido malo tanto para la renta variable como para la renta fija. La bolsa ha registrado posiblemente su peor ejercicio desde la crisis financiera mundial y los mercados de renta fija han experimentado los rendimientos más bajos desde hace décadas.

Los inversores en renta variable se alegrarán de dejar atrás 2022 y se les podría perdonar que pensaran que las cosas sólo podrían ir a mejor a medida que nos acercamos a 2023. Desde el punto de vista del mercado  de renta variable puede que tengan razón.

¿Ya hemos pasado lo peor? 

Pero no nos dejemos engañar. Muchas de las presiones de mercado en 2022 (precios de la energía por las nubes, crisis generalizada del coste de la vida, subidas de impuestos y tipos de interés al alza) aún no han ejercido todo su impacto.

Lamentablemente, todavía lo seguiremos viendo el año que viene. Esperamos un crecimiento del PIB significativamente inferior en 2023 e, incluso ahora, las conversaciones con las compañías han pasado de estar dominadas por la preocupación por las condiciones de la cadena de suministro al impacto de una menor demanda.

Aunque las expectativas de inflación pueden haber tocado fondo, el impacto total de la inflación en los márgenes de las compañías no se experimentará hasta el año que viene. Para muchas empresas, la inflación salarial es la incertidumbre de costes más importante.

Es más, las previsiones de beneficios agregados a nivel de mercado para 2023 aún no reflejan adecuadamente la posible ralentización del crecimiento del PIB. Este es el caso particular que afecta al Reino Unido y Europa. En nuestra opinión, las expectativas de beneficios en esta región podrían caer más de un 10% el próximo año.

Los mercados miran al futuro

Dicho esto, los mercados son previsores, lo que significa que los inversores tienden a anticipar lo que va a ocurrir antes de que ocurra realmente.

La historia nos enseña que la renta variable suele caer cuando el índice de gestores de compras (PMI) -un indicador que mide la salud económica en los sectores manufacturero y de servicios- cae por debajo de una cifra de 50, como ha ocurrido en los últimos meses.

Pero cuando los índices PMI empiezan a recuperar el nivel de 50, mucho antes de que la recuperación económica empiece de verdad, los mercados de renta variable suelen empezar a repuntar. Esto es lo que podríamos ver en 2023.

…y las acciones podrían encontrar apoyo

La actividad empresarial podría servir de soporte a los precios de las acciones, ya que tanto los inversores como las compañías empiezan a ver oportunidades como resultado de la bajada de los precios en bolsa.

Por ejemplo, el interés por las fusiones y adquisiciones y el activismo de los inversores siguen siendo especialmente elevados en el Reino Unido. Ambos son el resultado de la percepción de valor en el mercado.

En los mercados desarrollados continúan las operaciones de recompras. Esta actividad también está aumentando en algunas partes de Asia, incluida China.

El conservadurismo de las compañías en materia de liquidez -o el acaparamiento de reservas de liquidez- aún no ha comenzado realmente, salvo en aquellas firmas que ya están sometidas a tensiones financieras.

Pero, ¿están las acciones realmente «baratas»?

Depende de dónde se mire. Mientras que las valoraciones de las acciones han bajado bruscamente en los sectores cíclicos y en gran medida están anticipando la recesión, los sectores más defensivos, como los de consumo básico y seguros, cotizan prácticamente en línea con su media a largo plazo.

Las discrepancias regionales en cuanto a las valoraciones han seguido aumentando, y el mercado estadounidense no parece especialmente barato ni siquiera en relación con su propia media historia.

Los valores de materias primas se han comportado bien, pero el mercado no considera sostenibles los precios actuales de la energía y los recursos. En la mayoría de las regiones, seguimos viendo un valor razonable en estos sectores.

Principales conclusiones para los inversores

¿Qué significa todo esto para un inversor que intenta planificar para el próximo año?

He aquí tres conclusiones:
•    No es el momento de comprar de manera indiscriminada los valores más baratos;
•    Los valores de alto crecimiento pueden tener dificultades para recuperar sus elevados múltiplos de 2021, dado el entorno de tipos elevados;
•    Este podría ser el año de la «calidad»: empresas rentables con fuertes flujos de caja, balances sólidos, márgenes saludables y poder de fijación de precios.

Reflexiones finales

Las valoraciones de la renta variable ha caído en 2022. Pero a medida que se hace más evidente el alcance de la ralentización del PIB mundial en 2023 y con la incertidumbre sobre las perspectivas geopolíticas siempre presente, sigue siendo un momento para la cautela.

Puede haber un moderado potencial alcista para los mercados de renta variable el próximo año, pero tendríamos que ver más pruebas que respalden esta opinión, ya sea que el PIB supere las expectativas o que el máximo de los tipos de interés sea inferior a lo previsto.

Una razón para no ser más optimistas es que una recuperación moderada de los mercados de renta variable parece ser una opinión razonablemente generalizada entre los participantes en el mercado. A lo largo de los años, hemos aprendido que siempre merece la pena ser escéptico ante la opinión generalizada.

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