Olvídese de la inflación general...la subyacente es la importante

Los mercados financieros de todo el mundo, con Wall Street a la cabeza y el resto de las plazas bursátiles globales en general y la española en particular, que es la que nos ocupa, siguen al segundo y con un análisis exhaustivo todas y cada de las declaraciones tanto de Jerome Powell como de Christine Lagarde que nos den pistas fiables y de primera mano sobre el discurrir futuro de los tipos de interés.

Su impacto en el crecimiento de este 2023 ya lo estamos viendo claramente con la referencia de todos y cada uno de los organismos que, en el mejor de los casos esperan una décima de mejora en el PIB español, cuando no una caída para los tres primeros meses del año. Y todo ello desde una progresión que bien podría saldar 2022 con crecimiento de nuestra economía del 4,6%.

Ese es el punto de partida para unas empresas, que verán como la caída de la actividad y el repunte de los costes tendrán su efecto directo en sus resultados, ya que, se trata además de un fenómeno global, aunque de impacto esperado muy heterogéneo. Pero el centro neurálgico de todo, de donde parten las subidas de tipos para equilibrar la economía, es la marcha evolutiva de la inflación.

E incluso afinando este largo año en el que los precios de consumo se han desorbitado hemos llegado a un punto en el que las cosas han cambiado. En marzo del pasado año, con IPC del 9,8% en España que rozaba el doble dígito, la subida de la energía, carburantes y calefacción en el traslado a familias y empresas era lo que más preocupaba. Pero ya entonces la letra pequeña nos mostraba un repunte muy significado del resto de materias primas, en especial, las relativas a la alimentación.

Inflación general y subyacente y su evolución en EspañaInflación general y subyacente y su evolución en España

Pero mucho ha pasado desde entonces. Por ejemplo, que ese incremento hasta sus cotas máximas de julio se ha moderado por dos vías: el crudo a pesar de su precio ha moderado sus subidas y que las medidas implementadas por el gobierno han surtido su efecto. De ahí que en diciembre hayamos visto recortar casi a la mitad esas cotas hasta el 5,7% de cierre de 2022.

Hasta ahí lo bueno, lo menos bueno es lo que subyace, nunca mejor dicho. Porque la progresión alcista y sostenida se marca en un indicador que hasta hace bien poco solo leían los más versados: la inflación subyacente, la que muchos consideran más estructural, porque no engloba ni los alimentos frescos mientras también descuenta, en su cómputo, el precio de la energía. Y ese es ahora el verdadero nudo gordiano que nos puede amargar en la economía y los mercados 2023.

Evolución de la inflación subyacente en la eurozona Evolución de la inflación subyacente en la eurozona

Hablamos de niveles, al cierre del pasado ejercicio del 7%, con subida de siete décimas en solo un mes y con los niveles más elevados que se recuerdan en España desde hace 30 años, desde noviembre de 1992. Eso significa que hablamos de la parte más estructural de la inflación, la que permanece y es más difícil que se corrija. La que pagamos en todos y cada uno de los productos y servicios, como la alimentación no fresca, con subidas que siguen instaladas de forma permanente en el doble dígito. Nada menos que en el 15,7%, tras subir un 1,6% en el último mes.

Y es, además, por ese carácter estructural y con vocación de permanencia el que más mira el Banco Central Europeo a la hora de marcar los tipos de interés, tal y como ha señalado su vicepresidente Luis de Guindos. Sobre todo, porque a partir de ahora, lo normal es que la inflación general se corrija, por lo que se conoce como el “efecto escalón” ese efecto estadístico por la comparativa con meses del pasado año en los que la inflación subía mucho más que ahora, y que por tanto rebajará la tasa general en los próximos meses.

Lo mejor, es que esa media subyacente en la eurozona es del 5,2% de momento, pero lo peor tiene dos factores. El primero que es un indicador que se mueve al alza, lejos de corregirse como la inflación general, que, sin embargo, arroja de momento peores cifras. El segundo que, en el caso España se coloca 1,8 puntos por encima de la media. Con lo que nuestros precios subyacentes frente a Europa son de los peores y más elevados, aunque algo se corregirán con las medidas sobre el IVA de los alimentos.

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