Este tipo de inversiones están cada vez más extendidas en España, ya que aúnan rentabilidades positivas, la regulación que imponen cada vez más las administraciones y la demanda que se traduce en un crecimiento constante de los flujos hacia este tipo de fondos. La industria, además, vive momentos de cambio tras la puesta en marcha del Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles (SFDR, por sus siglas en inglés), que permite a las gestoras clasificar a sus fondos en función de su proceso de inversión. “La supervisión y la alineación son un requisito previo. El ambicioso proyecto de la UE -en relación con la alineación de la taxonomía y/o la definición de las actividades permitidas, así como la regulación SFDR para las clasificaciones y divulgaciones de los riesgos de sostenibilidad y los principales impactos adversos- son de suma importancia para abordar la ‘sopa de letras’ de las normas, los marcos de información y las convenciones sobre ASG que, a su vez, han llevado a una ‘confusión agregada’ sobre cómo definir, medir y evaluar las cuestiones verdes y sociales, entre las casas de calificación de ASG y los inversores.  Siguen existiendo retos en relación con las definiciones, los plazos y la alineación entre los marcos de divulgación de la UE y la normativa nacional, por ejemplo, en Francia y Alemania. La UE debería intervenir ahora para supervisar y alinear los requisitos locales con el marco de la UE; de lo contrario, podría producirse confusión, frustración y fatiga informativa entre los inversores”, expresa Martina Macpherson, responsable global de estrategia ASG de ODDO BHF AM.

“La inversión ASG está aquí para quedarse, es algo estructural y el que no se lo crea tendrá un problema porque la regulación le irá empujando hacia que, cada vez más, en su cartera tenga mayor importancia la inversión sostenible. No cabe duda de que va a producirse una inversión masiva por parte de los gobiernos en infraestructuras ligadas a la lucha contra el cambio climático, tanto el plan de la Comisión Europea como el plan de Joe Biden van ligados a hacer cada vez una economía más verde, que a su vez es una gran inversión y una oportunidad”, comenta Luis Martín, responsable de ventas BMO Global AM para el sur de Europa y América Latina. “Me parece que es destacable que si cogéis cualquier compañía cotizada y veis a los principales accionistas podemos decir que las gestoras son el primer accionista del mundo. Es decir, que nuestro papel como gestoras cada vez es más importante porque hay iniciativas como Net Zero Asset Managers. Esta iniciativa se lanzó en diciembre de 2020, y de la que BMO es parte, en el que las gestoras nos comprometemos a ser emisoras zero y además decimos públicamente que en 2050 no vamos a invertir en ninguna compañía que sea emisora de gases de efecto invernadero. El primer accionista del mundo está diciendo que no va a invertir más, ¿qué hay más estructural que eso? No hay nada más revelador”, añade Martín.

“Llevamos 15 años metidos en esto, Francia es un país que le da mucha importancia a la ASG. Para nosotros la G es la clave porque es la gerencia de una compañía, que luego se encarga de gestionar la parte ambiental y social. Nosotros clasificamos todas las compañías con un rating ASG, donde tenemos a las 40 mejores y peores empresas. Desde 2010 hasta el cierre del año pasado, aparte de que el MSCI ISR lo ha hecho mejor que el otro… El MSCI se revaloriza un 150% y nuestras mejores compañías tienen un 400% e incluso las peores le ganan al índice MSCI sin ISR. No sólo es estructural, sino que además las compañías que mejor rating ASG tienen también son las más rentables. Incluso el año pasado nuestras 40 mejores compañías lograron un retorno del 15%, mientras que el Euro Stoxx 50 terminó en el -3%”, subraya Gonzalo Azcoitia, director general para Iberia de La Financière de l’Echiquier.

“Recientemente, algunos valores relacionados con la ASG se encuentran entre las inversiones más exitosas. Pero la inversión ASG es mucho más que un enfoque temático. Es una tendencia secular, dadas las necesidades de inversión de 1.500.000 millones de euros al año, el aumento de la regulación y la creciente adopción de criterios ASG entre las instituciones y los selectores de fondos. Por lo tanto, nuestro compromiso de integrar los factores ASG está totalmente alineado con nuestra filosofía de inversión basada en la convicción y a largo plazo”, valora Macpherson.

SFDR y ‘greenwashing’

La normativa europea SFDR ha sido un paso en el avance de la inversión sostenible como lo fueron las taxonomías. Esta regulación exige a todas las gestoras de activos que incluyan los riesgos de sostenibilidad (relativos a los principios ASG) en sus decisiones de inversión y requiere que los fondos estén categorizados según su nivel de sostenibilidad, al tiempo que deben documentar sus objetivos, sus políticas y sus metodologías en los folletos, las páginas web y los informes periódicos. Las gestoras han tenido que categorizar los fondos entre categorías: artículo 6, 8 y 9. Los fondos del artículo 6 se aplican a productos de inversión que no consideran riesgos ASG como parte del proceso de inversión o bien que se declaran expresamente como no sostenibles; los fondos artículo 8 se aplica a productos de inversión que promueven características sostenibles en el marco de una estrategia de inversión general y los artículo 9 se trata de productos de inversión que específicamente fijan objetivos de sostenibilidad dentro de sus procesos de inversión.

Sin embargo, la clasificación de los fondos bajo los criterios de las propias gestoras ha dado lugar a discrepancias en la industria por la arbitrariedad a la hora de catalogar los productos y de que se vuelva a hablar del concepto de ‘greenwashing’. “La auditoría puede ser un medio eficaz para validar los datos, la información y las calificaciones ASG subyacentes de terceros. Los informes de los inversores están directamente relacionados con este esfuerzo. Por lo tanto, auditar los informes de los inversores sin auditar la información subyacente no es abordar los riesgos del ‘greenwashing’, asegura Macpherson.

“Quizá el problema que tiene uno cuando quiere comparar fondos en la parte de sostenibilidad es que cada uno la mide a su manera. De hecho, cada uno tiene sus herramientas, herramientas que ni siquiera son comparables. Cuando quieres seleccionar un fondo la parte ASG es bastante artesanal y muy cualitativa, está el sello luxemburgués, el belga, el alemán, el francés… Cuando vemos elementos financieros podemos hablar de volatilidad, de caídas o subidas mayores, mientras que en las métricas de sostenibilidad el gestor está un poco vendido y tiene que hacer acopio de mucho sentido común, muchas preguntas a la compañía y mucho tema cualitativo”, afirma Ignacio Perea, director de inversiones de Vallbanc.

“Parece que todos los fondos son ahora del artículo 8 y 9. Ahora tenemos que ir viendo qué gestoras han sido honestas y quienes han metido en el artículo 8 y 9”, asevera Iván Merillas Santos, CEO y fundador de Imath Sherpa, una firma que presta servicios para otras entidades para desarrollar modelos de toma de decisión que integren criterios ASG. “Nosotros ayudamos a asesores y ‘family offices’ y vemos que hay un mayor apetito por incorporar estas métricas, aunque están a expensas de aplicar el nuevo reglamento; de hecho, el retraso en el SFDR ha generado también un retraso de este tipo de entidades. Al final lo que vemos es que son los propios inversores los que tienen que seleccionar sus propias métricas ASG o de impacto. Nosotros intentamos darle rigurosidad con modelos matemáticos que den coherencia y objetividad a la hora de tomar esas decisiones”, enfatiza Merillas.

“De cara a las estrategias de impacto, desde el punto de vista más purista estamos encontrando mucha oferta de fondos de impacto de capital riesgo, con poca escalabilidad, pero no vemos tantos fondos de impacto que sean líquidos. Veremos a ver si con la introducción de SFDR vemos más fondos en el artículo 9”, declara Rubén de la Torre, gestor discrecional de Andbank Wealth Management SGIIC.

“En los fondos de impacto es clave el ‘engagement’ que las gestoras hagan con las compañías y la adicionalidad que añada la gestora en su inversión, es decir, ¿qué está cambiando la compañía gracias a mi inversión?”, puntualiza Marta Hervás, directora de inversiones de impacto y private equity de Arcano AM.

Salomé Bouzas, analista de Tressis, también admite que “hacer inversiones ASG en renta variable es bastante sencillo, pero el reto es invertir en renta fija con estos criterios, ya que el bonista no tiene la misma fuerza que tiene un accionista por ejemplo en la junta general de accionistas. ¿Cómo puede entablar una conversación un bonista tanto a la hora de invertir en crédito como en bonos soberanos? De hecho, ¿cómo podemos calificar a un Gobierno si es sostenible o no es sostenible?”.

¿Hay interés de los minoristas?

Los flujos a los fondos ASG avanzan mes tras mes. Los activos bajo gestión en los más de 2.300 fondos sostenibles globales alcanzaron un récord de 1.650 millones de dólares en agosto, de acuerdo con los datos de EPFR. “Se trata del doble que hace un año, y el crecimiento que han experimentado ha sido tres veces más rápido que el de los fondos no ESG», según indica un informe de Bank of America publicado en septiembre. Sin embargo, ¿hay interés por parte de los inversores minoritarios o es un proceso inducido por la industria? ¿Los pequeños ahorradores están haciendo cola en las gestoras para llevarse el último fondo verde de las gestoras? “Aquí distinguiría entre inversor institucional e inversor particular. Cuando nos reunimos con aseguradoras, planes de pensiones… la conversación sí que puede estar iniciada por ellos, ya que ellos están activamente tratando de adaptar sus carteras y quieren cada vez más fondos de impacto, no ASG sino fondos de impacto, con intencionalidad, medición… Mientras que en el caso de los inversores particulares creo que empieza a haber una conciencia social, preocupaciones ambientales, sociales, desigualdad o el Covid sí que creo que viene más influenciado por el momento del mercado, por este empuje regulatorio y el empuje de las gestoras. Creo que es importante nuestro rol para que haya suficiente oferta”, describe Hervás.

“Puede que haya algún cliente más ‘retail’ que entre por la puerta demandando soluciones sostenibles, pero no es la norma. A día de hoy aún existe mucho prejuicio por parte del cliente minorista de lo que es una inversión sostenible… de si voy a comprar acciones de compañías de molinos de viento y por eso no voy a ganar tanto. Creo que hay un reto educativo por delante por nuestro lado, por parte de las gestoras y el resto de actores del sector financiero de cara a que en el mundo ‘retail’ esto se vea como lo que es realmente es hoy. Dicho esto, MiFID nos va a empujar a ello y se está avanzando, aunque muy poco a poco”, cuenta Bouzas.

“La oferta tenía una parte de responsabilidad, si tú no pones encima del mostrador que hay una serie de productos el cliente no te lo va a demandar. Nosotros, por ejemplo, toda la gama de perfilados la hemos convertido en sostenible. ¿Supone esto que ahora nuestros clientes tienen mayor interés en la sostenibilidad? No, pero tampoco se nos ha ido ninguno. En muchas gestoras, fondos de inversión más tradicionales se han convertido en ASG no por un elemento de ‘greenwashing’ sino porque han mejorado los procesos de inversión. Visto que la sostenibilidad a largo plazo aporta menos volatilidad y genera menos riesgo pues parece que tiene lógica aplicar filtros adicionales a la parte financiera”, considera Perea.

En esta temática estas tres gestoras destacan algunos fondos con los que cuentan como el el BMO Responsible Global Equity Fund, el ODDO BHF destaca el fondo ODDO BHF Green Planet y el Echiquier Positive Impact Europe y el Echiquier Space, centrado en temática espacial.