No cabe duda de que las recesiones resultan difíciles. Pero son necesarias para eliminar los excesos de periodos previos de crecimiento, como el crecimiento más o menos ininterrumpido del que han disfrutado los inversores en los últimos diez años. 

«No es posible tener un periodo de crecimiento como el que hemos tenido sin que se produzcan caídas ocasionales que sirvan de equilibrio», señaló a mediados de año Rob Lovelace, presidente de Capital Group. «Es algo normal y previsible. Es hasta saludable». 

La economía mundial parece ir en esa dirección. Europa podría estar ya en recesión, proceso que se ha visto agravado por la guerra de Ucrania. En China, el crecimiento se ha desacelerado hasta prácticamente cero, como consecuencia de las restricciones impuestas a causa del covid. Y la economía estadounidense, aunque se muestra más sólida que el resto, parece abocada a una importante ralentización ante el elevado nivel de inflación y la subida de tipos de interés. 

Según Jared Franz, economista de Capital Group, la economía estadounidense podría contraerse en torno al 2% en 2023, más que durante la burbuja tecnológica y de las telecomunicaciones de principios de la década de 2000, pero mucho menos que durante la crisis financiera de 2008-2009. Tal y como señala Franz, lo importante es recordar que las recesiones sientan las bases para el próximo periodo de crecimiento. 

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«El mercado actual refleja una visión más realista de la inminente recesión», añade Franz. «Sin embargo, históricamente hablando, el mercado de renta variable también tiende a anticipar un futuro más positivo, mucho antes de que lo hagan los datos económicos».

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