Las respuestas a la Encuesta a Analistas 2024 de Fidelity muestran que las empresas están entrando en una nueva fase de su enfoque de las cuestiones medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG).

“Creo que los inversores y los acreedores han sido muy indulgentes hasta ahora y han comprendido que crear un marco ESG, formar una comisión, confirmar objetivos y demás eran los primeros pasos y que ser ‘de los primeros’ se veía como algo positivo”, comenta Liz Brockway, una analista de deuda corporativa no cotizada que cubre el sector químico europeo. “Ahora el foco está desplazándose hacia la ejecución y consecución de estas metas y promesas”.

Desde 2024, las grandes empresas de la Unión Europea tendrán que registrar cómo afectan sus actividades al medio ambiente y la sociedad con el fin de cumplir con la Directiva sobre información corporativa en materia de sostenibilidad (CSRD) y comenzar a publicar esta información anualmente en 2025. Entretanto, las normas internacionales desarrolladas por el Consejo de Normas Internacionales de Sostenibilidad (ISSB) entran en vigor este año.

Las empresas también deben cumplir con las obligaciones de información planteadas por el Grupo de Trabajo para la Divulgación de Información Financiera Relacionada con el Clima. A muchas empresas le queda gran cantidad de trabajo por hacer. En todas las regiones, los analistas afirman que únicamente alrededor de la mitad de sus empresas están preparadas para cumplir con sus obligaciones de información sobre sostenibilidad. Esta proporción sube hasta el entorno del 60% en el caso de los analistas que cubren empresas europeas, lo que deja a muchas en fuera de juego incluso en la región más preparada del mundo.

Gráfico 19: Las empresas no están cumpliendo con sus obligaciones futuras de información

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Existe el riesgo de que todas estas nuevas normas se vean como elementos que cambian las reglas. El cumplimiento normativo será un lastre para las empresas, pero puede ser ventajoso desarrollar un conjunto de reglas y normas de información que ayuden a priorizar las acciones de las compañías, una sensación que nuestros analistas detectan a menudo en el marco de sus diálogos con las empresas. «Actualmente, los inversores poseen agendas ESG diferentes y las empresas no saben a qué áreas de la dimensión ESG dedicar más tiempo y dinero”, explica el analista de gran distribución europea Serhat Birbilen. “A las empresas les cuesta prestar atención a tantas cuestiones ESG diferentes y parecen tener dificultades para asignar los recursos a las causas que generan los mayores retornos para el medio ambiente y la sociedad”.

La implantación es cada vez mayor

A pesar de estos problemas, las compañías siguen realizando progresos. Casi un tercio de los analistas afirma que la implantación de las políticas ESG en las empresas que cubren ha mejorado desde unos niveles que anteriormente eran bajos. Otro 28% refiere una mejoría desde unos niveles de por sí elevados, mientras que el 27% afirma que la implantación de las políticas ESG ya era elevada, lo que deja poco margen para mejoras apreciables en 2024.

Gráfico 20: La implantación de las políticas ESG sigue mejorando

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Entre los ejemplos concretos que citan los analistas, se encuentra L’Oreal y su alejamiento de los productos petroquímicos, con el objetivo de conseguir que el 95% de los productos químicos empleados en sus productos procedan de ingredientes vegetales (actualmente se sitúa en dos tercios). Por otro lado, Alexander Laing, un analista de servicios públicos, comenta: “Vestas ha desarrollado recientemente la primera tecnología para dejar de usar resina epóxica en las palas de sus aerogeneradores, lo que significa que por primera vez van a poder reciclarse. Era un gran problema que tenía hasta ahora este sector a la hora de gestionar el final del ciclo de vida de los equipos».

Cambios en el sector energético

Uno de los mayores retos medioambientales también podría calificarse como el de perfil más alto: reducir las emisiones del sector energético. Aquí también se observan progresos, a pesar de las descorazonadoras noticias que se conocen a menudo.

“Hace cinco años, la industria petrolera y gasista era bastante displicente en su enfoque de la dimensión ESG, pero las empresas realmente han cambiado su forma de verlo”, asegura Thomas Goldthorpe, un analista de renta variable que cubre energía en Norteamérica. “Están siendo proactivas, demostrando su voluntad de invertir, de recortar emisiones y de sentarse a la mesa como parte activa. Están tomándose en serio reducir sus emisiones de alcance 1 y 2”.

Sin embargo, aunque la industria puede estar mejorando en estos momentos la eficiencia de sus procesos de exploración, producción y refino para reducir sus emisiones de alcance 1 y 2, el asunto pendiente son las emisiones de alcance 3: las que se producen por el uso de los combustibles fósiles en la sociedad. Estas emisiones son claramente las más importantes y abordarlas no consiste en lidiar con las propias empresas energéticas, sino en centrarse en las fuentes de demanda, asegurándose de que el sector y la sociedad están descarbonizándose para reducir su dependencia de la energía producida por los combustibles fósiles.

Todavía falta mucho por hacer para sustituir los combustibles fósiles por alternativas y Fidelity seguirá trabajando con las empresas que son usuarias finales (especialmente las pertenecientes a sectores donde es difícil reducir las emisiones, como la industria pesada y el transporte) para mejorar la eficiencia de sus procesos. Los progresos de las propias empresas energéticas siguen siendo un desafío.

El año pasado, algunas empresas líderes dieron marcha atrás en sus compromisos de reducción de la intensidad de sus emisiones o de aumento de las inversiones en procesos sostenibles, pero se atisban algunos rayos de esperanza que hacen pensar que la inminente transición energética sigue cambiando conductas en el sector. “No es ninguna coincidencia que ExxonMobil anunciara recientemente objetivos más ambiciosos en sus inversiones en energías limpias”, apunta Paul Gooden, otro analista de renta variable que cubre empresas energéticas de Norteamérica.

“Para una gran petrolera occidental, decir que alrededor del 25% de su inversión se destinará a proyectos con bajas emisiones en 2027 es muy destacable. Alrededor de la mitad se destinará a reducir las emisiones de la propia empresa y la otra mitad a reducir las emisiones de terceros mediante biocombustibles, captura y almacenamiento de carbono y proyectos de hidrógeno”.

En el marco de estos esfuerzos, ExxonMobil completó recientemente la adquisición de Denbury, que posee y explota la mayor red de conducciones de CO2 en EE.UU., lo que incrementa la capacidad de la compañía en captura y almacenamiento de carbono. La captura y almacenamiento de carbono parece ser una vía lógica para que las empresas petroleras y gasistas desempeñen un papel en la transición energética, y no solo porque aporta un argumento verde para seguir operando. “Suministrar electricidad no es lo que hace una gran petrolera”, explica el analista de renta fija del sector energético Randy Cutler.

“Las grandes petroleras saben de geología y en eso consiste la captura y almacenamiento de carbono”. La operación de Denbury es una más dentro de la oleada de fusiones y adquisiciones en el sector, que parece que va a continuar. Todos y cada uno de nuestros analistas del sector energético esperan grandes fusiones y adquisiciones estratégicas este año. El gráfico muestra las respuestas a la siguiente pregunta: “En las áreas en las que observas operaciones corporativas, ¿de qué tipo son? (Por favor, selecciona todas las que correspondan)”.

El gráfico muestra el porcentaje de analistas que esperan ver grandes fusiones y adquisiciones estratégicas. 

Gráfico 21: El sector energético se prepara para las fusiones y adquisiciones estratégicas

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Conviene dejar claro que los analistas no creen que el principal impulso de esta oleada de operaciones corporativas sea la sostenibilidad, sino las valoraciones. Las empresas más grandes con múltiplos más elevados están bien colocadas para hacerse con rivales más baratos con vistas a impulsar sus flujos de efectivo sin incrementar la oferta total (lo que tiraría a la baja de los precios de la energía).

Pero la transición energética está en la mente de todos. En el caso de los grandes actores, pone en tela de juicio los grandes proyectos, que exigen miles de millones de gasto inicial, tardan varios años en empezar a generar efectivo y después se amortizan a lo largo de varias décadas. En el caso de las empresas más pequeñas, es un incentivo más para escuchar a los pretendientes que han sacado la chequera. “Si eres una empresa pequeña, ¿qué probabilidades tienes de sobrevivir a una transición energética?”, se pregunta Cutler. “Es mejor vender ahora”.

Las empresas mantienen el rumbo

Tal vez la conclusión más interesante sobre la dimensión ESG en la encuesta de este año también es la más sencilla. Preguntamos a los analistas si ha decaído el énfasis en los factores de sostenibilidad entre las empresas que cubren durante los últimos doce meses. Algunos analistas sí afirman que han visto señales de cansancio en este ámbito, mientras que otros sugieren que los obstáculos económicos y geopolíticos están desviando la atención hacia otras áreas.

Sin embargo, cuatro de cada cinco analistas lo negaron: el énfasis no ha decaído entre las empresas que siguen.

Gráfico 22: Un énfasis firme: las empresas siguen haciendo hincapié en la dimensión ESG

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Eso son buenas noticias. Porque no son solo las obligaciones de información las que probablemente se compliquen durante los próximos años. La dimensión ESG es un aspecto clave del “contrato” de una empresa con la sociedad para desarrollar su actividad y su capacidad para crear valor a largo plazo para sus partes interesadas. Las empresas deben estar preparadas para seguir afrontando este entorno cada vez más exigente.

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