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En el caso de la electricidad, el “baseload” alemán que sirve de referencia en Europa, se ha incrementado considerablemente hasta más de 150€/MWh en los contratos de futuros a 1 mes. En España, el gobierno ha decidido intervenir para contener la factura de los consumidores particulares, “topando” el precio del gas y rebajando varios impuestos sobre los precios de la electricidad.

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Las subidas de precio del gas y de la electricidad están directamente relacionadas. Están vinculadas también a la subida del precio del carbón. En su origen, el problema viene de la escasez de suministro de gas en Europa, derivado de la disminución del abastecimiento de Rusia por motivos geopolíticos (debate medioambiental sobre el gasoducto ruso-alemán Nord Stream 2) y económicos (fuerte demanda por parte de China que ha optado por boicotear el carbón australiano).

Por ello, Alemania ha tenido que reactivar algunos de sus reactores de carbón, cuando el país había cerrado gran parte de sus minas de lignito. El incremento de la demanda disparó los precios del carbón. Por tanto, el coste de producción de electricidad ha aumentado, sobre todo porque la generación de energía eólica ha disminuido este año debido a las malas condiciones meteorológicas (poco viento).

Además, los precios del CO2 han subido mucho desde principios de año, en un contexto de limitación de las cuotas de «derechos a contaminar» de emisiones asignadas por la Unión Europea. Así, cualquier energía producida a partir de combustibles fósiles implica la compra de derechos de emisión de CO2 a un precio elevado, lo que repercute directamente en el coste de producción de la electricidad en muchos países sin energía nuclear.

El aumento de los precios de la electricidad, el gas y el carbón es un círculo vicioso que se retroalimenta: el aumento de los precios de la electricidad provoca a su vez un desplazamiento del consumo hacia el gas, cuyos precios se mantienen así bajo presión.

En este contexto, los consumidores europeos no tendrán más remedio que aceptar una factura energética más elevada este otoño, a menos que los gobiernos opten por cambiar las reglas del juego de la energía en Europa.