La inflación ha descendido durante el año y los mercados están  demostrando resistencia. Estas señales son positivas y han llevado a Fidelity International a revisar al alza su hipótesis de referencia para 2024 hasta el aterrizaje suave, con un  crecimiento que se estabilizará cerca de la tendencia, según sus perspectivas de inversión  para el segundo trimestre de 2024. 

“Nos adentramos en el cuarto trimestre de 2023 pensando que el escenario más probable en  2024 era la recesión cíclica, caracterizada por una contracción económica moderada, seguida  por un retorno al crecimiento”, afirma Andrew McCaffery, CIO global de inversiones de  Fidelity International. “En este arranque de año, ya con tres meses transcurridos, el ánimo de  los mercados es más positivo, y el nuestro también”.  

“Seguimos abordando la situación desde una óptica de escenarios y hacemos un seguimiento  de los indicadores económicos adelantados, junto con las perspectivas sobre el terreno de  nuestros analistas. Ellos nos dicen que las economías están aguantando y, por consiguiente,  hemos asumido gustosamente más riesgo, pero no estamos convencidos todavía de que los  bancos centrales hayan ganado sus batallas contra la inflación”.  

Andrew McCaffery pone de relieve las tres tendencias a tener en cuenta en este arranque del  segundo trimestre de 2024: 

1. Un aterrizaje más suave 

La inflación desciende desde hace más de un año y los mercados están aguantando. Son  señales positivas y suponen que las economías mantendrán una relativa buena salud durante los próximos meses mientras los bancos centrales gestionan, y quizá resuelven, su problema  de inflación.  

Una variable importante para esa trayectoria durante este trimestre es si los bancos centrales  deciden recortar tipos. Si lo hacen, y cuando lo hagan, Europa probablemente recorte más rápido que otros mercados desarrollados. Los datos de la región muestran discretas mejoras  en la actividad, sobre todo en los servicios, y un mayor optimismo de los consumidores, ya que el descenso de la inflación pesa menos en el bolsillo. El Banco Central Europeo ha  enviado una señal clara de que podría recortar los tipos ya en junio. 

La situación en EE.UU. es más difícil de apreciar. La inflación ha rebotado en los primeros  meses de 2024 y persiste en algunas áreas; además, las previsiones de crecimiento son elevadas y en ascenso.  

Los buenos datos y la inflación persistente plantean el embrollo definitivo a los bancos  centrales: cantar victoria contra la inflación de forma prematura dañaría su credibilidad y desestabilizaría las expectativas, pero unas nuevas subidas de tipos empujarían a la  economía a la recesión. Eso hace que elevemos las probabilidades de un escenario ‘sin  aterrizaje’ hasta el 30%, frente al 5% a comienzos de año. Este escenario significa que las  economías conservan los niveles actuales de crecimiento e inflación, obligando a los bancos  centrales a mantener los tipos más altos durante más tiempo. 

Se sabía que el último tramo de la carrera contra la inflación iba a ser el más duro; este  trimestre podría dejar claro cuánta energía les queda a los bancos centrales en las piernas. 

2. China no acelera, se estabiliza 

China está orquestando una ‘estabilización controlada’ de su economía en un momento en el  que dicho país lidia con una contracción del mercado inmobiliario y trata de alejarse de la expansión a golpe de deuda para dar más importancia al consumo y a la fabricación de alto  valor añadido. La dinámica de crecimiento del sector inmobiliario sigue frenándose, pero, al mismo tiempo, su contribución al PIB se ha difuminado ante el mayor peso de la demanda.  

En el plano monetario, no esperamos recortes de tipos importantes por parte del banco central  chino antes de que la Reserva Federal de EE.UU. cambie de orientación de forma clara.

Aunque la Fed empezara a flexibilizar su política, es improbable que los recortes de tipos  sean contundentes en China: la relajación monetaria probablemente desempeñe un papel de apoyo a las medidas de gasto público este año.  

Nuestra previsión es que la tasa de crecimiento anual de China se sitúe ligeramente por  debajo del objetivo oficial, ya que todavía no hemos visto un compromiso de las autoridades  lo suficientemente fuerte. Estaremos muy atentos al gasto público, como la emisión de bonos  por parte del gobierno central, para hacer un seguimiento de la trayectoria de crecimiento de China durante el año. 

La desaceleración de China y las inquietudes geopolíticas generales han seguido  estimulando la tendencia ‘China + 1’, que ha hecho que las multinacionales reduzcan su  dependencia de las exportaciones del país. Algunas partes del bloque de ASEAN, como 

Vietnam e Indonesia, ya se han beneficiado. También lo han hecho países más próximos a  los importadores. México, por ejemplo, es un mercado emergente pujante que sigue beneficiándose del acercamiento geográfico de la producción por parte de EE UU. 

Esta tendencia probablemente continúe incluso si la demanda mundial afloja, aunque  estamos viendo señales alentadoras de que la actividad económica de China está rebotando.

Parece que el gobierno chino está priorizando la estabilización del crecimiento, en lugar de  un acelerón a corto plazo.  

3. ¿Dónde se encuentran los riesgos? 

Somos más optimistas sobre la trayectoria de cara a este año, pero no hemos perdido de  vista los riesgos. Las posibilidades de un escenario sin aterrizaje están aumentando y, con  ello, la amenaza de que los tipos no bajen como muchos esperaban. Tampoco ha  desaparecido completamente el riesgo de recesión, lo que ha cambiado son principalmente  los plazos.

Consideramos que el desenlace más probable por ahora es un aterrizaje suave y  que la recesión se retrase hasta el año que viene.  

Ello es debido en gran medida a la presión sostenida que ejercen la abundante liquidez y la  relajación del gasto público sobre los sistemas financieros. El gasto público de EE.UU. se ha financiado drenando la línea de repos inversos de la Fed hasta casi el cero. La generosidad  en el gasto está dando apoyo a la economía a lo largo del año electoral en EE.UU., pero los muros de vencimientos acechan y las cargas que habrá que refinanciar lastrarán a muchas  empresas el próximo año. Ese podría ser el momento decisivo que los bancos centrales, al menos por ahora, han conseguido esquivar.  

Existen otros riesgos. En un año de guerras y elecciones, la geopolítica probablemente deje  huelle en los mercados, aunque resulta difícil predecir cómo.  

También seguimos muy de cerca el desarrollo de la inteligencia artificial (IA). Muchos de  nuestros analistas están detectando en las empresas que siguen una fuerte mejora de la productividad que se debe en parte a ella. Algunas empresas parecen estar adoptando estos  avances y otras se verán obligadas a invertir con determinación en su desarrollo para evitar quedarse atrás. Eso provocará perturbaciones en los mercados y las economías durante años.  

Ahora, estamos poniendo la vista más allá del segundo trimestre (nada de lo anterior será de  un día para otro), pero todas esas promesas de la IA conllevan riesgos que todavía no entendemos. 

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