Hacía años que no veíamos el tablero cotizado español tan agitado. Y no precisamente por ofertas publicas de venta (OPV), sino por ofertas públicas de adquisición (OPA). Y es que, de momento, la de Puig Brands ha sido la única OPV que hemos tenido este 2024, cuando el pasado 3 de mayo debutó en el Mercado Continuo.  

En el otro lado, en los cinco meses que llevamos de año, el mercado bursátil español ha acogido siete OPAs, destacando la de BBVA sobre Banco Sabadell, la única operación en la que los dos protagonistas (opante y opado) son españoles.

En las seis restantes, el comprador es extranjero. De ellas, tres ya están cerradas después de que la CNMV autorizara las ofertas de Gubel, EQT y Amber EquityCo (consorcio de I Squared y TDR) sobre Prosegur, Opdenergy y Applus, respectivamente. Las otras tres están presentadas y en tramitación: la de la portuguesa Bondalti sobre Ercros, la del grupo suizo Safra sobre la socimi Arima Real Estate y la de la húngara Magyar Vagon sobre Talgo

Por otro lado, si se confirma la esperada OPA del grupo emiratí Taqa sobre Naturgy (pendiente de las negociaciones con CriteriaCaixa y los fondos CVC y GIP), el número de OPAs en el Mercado Continuo cuando todavía no hemos llegado al ecuador del ejercicio se elevaría a ocho, lo que supondría alcanzar los mismos registros de 2015 y 2019.

Bueno, bonito y barato

Pero, ¿cómo y por qué este espíritu de inversión extranjero que se cierne sobre España? Hay varios catalizadores que están acelerando los movimientos corporativos y las OPAs, tanto en compañías cotizadas del Continuo como fuera del mercado. La liquidez es uno de ellos. «Siempre que se lanza una OPA es por la valoración atractiva que ofrece la empresa opada y por supuesto por la capacidad compradora de la empresa opante. Hay mucha liquidez en el mercado y, con carácter general, las empresas extranjeras suelen tener mayor tamaño que las españolas, por lo que buscan en nuestro país buenas oportunidades de crecimiento», explica Javier Niederleytner,  profesor del Máster en Bolsa y Mercados Financieros del IEB.

Una liquidez a la que también alude la analista fundamental de EI, María Mira. «La elevada liquidez que todavía fluye por el sistema, unido a un 2023 en el que apenas se movió nadie en este tipo de operaciones hace que los actores ya se impacientan tras un periodo de precaución por tipos altos y riesgo de recesión. Ahora, visto que los tipos girarán más pronto que tarde a la baja y que la recesión ni está ni se la espera, la cosa se anima. Y cuando uno tiene liquidez y ganas de ponerla a trabajar, lo que busca son mercados baratos y con pocas trabas para entrar, como el español, comparativamente barato dentro de Europa».

Pero a la valoración atractiva y bajo precio frente a competidores extranjeros, se unen otros dos elementos. «La necesidad de capital y de gestión profesional por parte de algunas empresas españolas son objetivos atractivos para los competidores de mayor tamaño, en muchos casos extranjeros, y sobre todo si disponen de liquidez. Por otro lado, la inestabilidad política española también ayuda y grupos extranjeros pueden estar aprovechando los momentos de confusión política que tenemos en nuestro país para realizar adquisiciones y anticiparse a posibles estrategias gubernamentales. En este punto, es importante señalar que detrás de estos movimientos nos hemos encontrado muchas veces al gobierno protagonizando episodios de una manera u otra, y los que no estamos muy de acuerdo con ello lo observamos con una cierta inquietud», cuenta Antonio Castelo, analista de mercados de iBroker. 

A ello se une la falta de consistencia, en muchos casos, del núcleo duro del accionariado. «No es difícil entrar en nuestro tejido empresarial cuando el accionariado de nuestras compañías está muy disperso y diseminado, o hay poco accionista mayoritario que nos vaya a estropear la operación. Y, en otros casos, como por ejemplo Naturgy, precisamente ese núcleo duro que sí existe tiene ansia por salir. Más fácil todavía para los que quieren entrar», añade Mira.

¿Preludio de una era de mayor concentración empresarial?

Pero si hablamos de causas, también hay que hacerlo de las consecuencias… Por un lado, no hay que olvidarse de que una OPA suele ofrecer ventajas tanto a las empresas que las lanzan como las que las reciben, ya que, por ejemplo la entidad compradora puede tener acceso a un paquete importante de títulos de la comprada con una cierta rapidez y un control importante a un precio probablemente más ventajoso que el que le supondría ir comprando pequeños paquetes en el mercado. Por su parte, para los accionistas de la compañía opada también puede resultar beneficioso al lograr un precio que supone una prima (en muchos casos nutrida) con respecto a la cotización en bolsa.

Por el otro, y sobre todo en el caso de la OPA de BBVA sobre Sabadell, el éxito de este tipo de operaciones supondría todavía más concentración en un mercado ya concentrado. El banco de Carlos Torres lleva varios años detrás de la adquisición del banco catán. Lo intentó en 2020, pero no salió adelante al considerar el consejo de administración del Sabadell bajo el precio ofrecido. Este 2024 BBVA lo vuelve a intentar, primero con negociaciones entre los consejos de administración de ambas entidades y hace dos semanas con el lanzamiento de una OPA hostil. Desde el Gobierno, la operación no se ha visto con buenos ojos y el misterio de Economía considera que supondría un mayor nivel de concentración que «podría tener impacto negativo» tanto en el empleo como en la prestación de servicios financieros, además de introducir un «riesgo potencial adicional» a la estabilidad financiera.

Pero no todos están de acuerdo. «Se habla mucho de la concentración que produciría la OPA de BBVA sobre Sabadell, pero hace no mucho tiempo tuvo lugar una operación más grande que fue la fusión de Caixabank y Bankia y nadie dijo nada. Lo que si aportan a la OPAs es una manera de crecer muy rápida en grupos con gran tamaño y buena gestión», cuenta Javier Niederleytner.

«En el mundo empresarial creo que es una máxima el dicho de que el pez grande siempre se termina comiendo al chico», apunta Antonio Castelo. «Si repasamos los grupos sectoriales en los que se ordenan las empresas que cotizan nuestra bolsa, y especialmente si miramos al Ibex, vemos que este proceso se viene produciendo hace muchos años. En los años 80 en el sector financiero hablábamos de los siete grandes bancos, que eran Banesto, Banco Hispano Americano, Banco Central, Banco de Bilbao, Banco de Vizcaya, Banco de Santander y Banco Popular, y hoy todos ellos están agrupados en dos. En el sector energético, por ejemplo, la Iberdrola de hoy es el resultado de la fusión de Iberduero e Hidroeléctrica Española (Hidrola) y antes de Naturgy se produjeron varias fusiones e integraciones como la de Unión Eléctrica (creada en 1912 como Unión Eléctrica Madrileña) y Fuerzas Eléctricas del Noroeste (FENOSA), que se fusionaron en Unión Fenosa y ésta posteriormente se integró con Gas Natural (luego Naturgy)», detalla el analista de iBroker.

De cara al futuro, «evidentemente al tener empresas más grandes va a ser más difícil abordar nuevas operaciones de integración pero teniendo en cuenta que ahora y seguramente los años venideros las empresas españolas deberán abordar no sólo un mercado nacional sino también internacional, podríamos ser testigos de operaciones inimaginables», añade Antonio Castelo. Y es que, como dice María Mira, «una vez que se atreven los primeros, los demás que estaban a la espera de escuchar el pistoletazo de salida para las grandes operaciones se animan. Y, como vemos en el caso de Telefónica, detrás de ellos, corren grandes interesados como la SEPI (por el carácter estratégico de varias compañías y sectores) o Criteria Caixa por su tradicional peso (ahora muy diluido) en el tejido industrial español, que no hacen más que animar el mercado».

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