La inflación y la política de los bancos centrales preocupa a todos, incluidos los inversores a la hora de hacer cartera. Pero hay que tener en cuenta que éstos son factores que se escapan de nuestro control. Mirando al largo plazo, ¿en qué deben fijarse los inversores a la hora de gestionar su patrimonio? 2.02

José María Luna: El mercado está en modo «minuto y resultado» en cuanto a las intervenciones de los grandes bancos centrales, datos de inflación, tipos de interés, etc., lo que deriva en un punto de vista muy cortoplacista. Creo que hay otros componentes que son muy interesantes y que se están obviando precisamente en esa estrategia del medio-largo plazo. Y son los negocios como tal. ¿Dónde están las temáticas? ¿Dónde están esas ideas generadoras de valor para los accionistas o tenedores de bonos? ¿Qué hay de los datos de crecimiento de las propias compañías y de las distintas zonas geográficas del mundo? Porque, en este último punto, no hay que olvidar que se pensaba que íbamos hacia una recesión económica en Estados Unidos y lo que estamos advirtiendo es una gran resiliencia de la primera economía del mundo; también se creía que a China le iba a costar mucho salir de dónde estaba y se empiezan a ver algunos datos que apuntan a una cierta estabilidad, etc. Hay muchos factores, incluso geopolíticos, como por ejemplo la relocalización industrial que se está dando en determinadas zonas del mundo a raíz de la pandemia o de tensiones geopolíticas, que están implicando que otras partes de mercados emergentes estén teniendo un comportamiento bursátil y económico mucho mejor de lo que se había esperado (un ejemplo lo tenemos en Vietnam). En definitiva, hay una serie de factores que no tienen en cuenta y que son enormes oportunidades; seguimos viendo los «muros de lamentaciones» de los bancos centrales, pero no nos fijamos tanto en los muros que se pueden convertir en peldaños para avanzar, y son esas oportunidades y temáticas que realmente están haciéndolo muy bien.

Francisco Rodríguez d’Achille: Nuestras compañías en cartera, por ejemplo, no hablan de inflación ni de tipos de interés, porque si se analizan negocios a nivel fundamental realmente el crecimiento estructural de algunos nichos de mercado es bastante sano y robusto. Y eso es lo importante: identificar esas compañías que dependan de sí mismas para ejecutar una estrategia empresarial. En un contexto de mercado en el que, después del año 2022 estamos ante un nuevo paradigma de tipos de interés positivos -que nosotros de hecho vemos como un entorno mucho más propicio al crecimiento económico que los años anteriores a las subidas de tipos- y en un entorno social y empresarial que se vio «obligado» a acelerar su digitalización a raíz de la pandemia, muchas compañías han hecho sus deberes en lo que se refiere a tener poca deuda, tener fuerte poder de fijación de precios, mejorar procesos digitalmente… y precisamente esas son las empresas que, a día de hoy, están muy sanas y haciéndolo muy bien. Cuando el mercado quite la vista de esa curva de tipos de interés de largo plazo y se centre de nuevo en las compañías que están generando muchísimo valor para nuestra sociedad, esas compañías seguramente tendrán la oportunidad de volver a despuntar en cuanto a rentabilidad y oportunidades.

¿En qué sectores y temáticas a nivel europeo veis potencial de crecimiento?

José María Luna: Cuando hablamos de Europa es imposible obviar la regulación excesiva a las que están sometidas muchas compañías si lo comparamos con otras zonas del mundo. Existen enormes oportunidades en el sector financiero, industrial e incluso tecnológico de Europa, donde tenemos verdaderos campeones tanto en empresas de elevada capitalización, como ASML por ejemplo, pero también en empresas que son menos conocidas. Son esos «patitos feos», pero que se pueden convertir en «cisnes». Una temática que creo interesante es todo lo que está relacionado con la electrificación industrial. Hablamos mucho de la inteligencia artificial y de la digitalización de la economía y sociedad, que evidentemente suponen muchísimos avances y mejoras de productividad, pero esto tiene un «talón de Aquiles», que es la necesidad de energía. Si a eso le sumamos todo lo que es la transición energética, aquí Europa va por delante precisamente por la propia regulación. Y queda patente en los números… Según los últimos datos de exportaciones de Alemania hacia China, curiosamente el segundo sector de productos que está exportando son equipos utilizados para la electrificación en un país, en una zona emergente, como puede ser China. Europa, desde mi punto de vista, juega un rol muy importante e industrialmente ha pasado a otro plano. Es cierto que nos llevan ventaja otras zonas del mundo como EEUU o algunos emergentes, pero en cambio en Europa tenemos compañías que tienen mucho que decir dentro de todo lo que es esa transición energética, ya sea fabricando aerogeneradores o todo lo que está relacionado con la energía verde y no tan verde. Es decir, tenemos empresas que pueden cubrir ese «talón de Aquiles» que necesita la inteligencia artificial y muchas otras industrias. Se habla mucho de la revolución de la digitalización, pero necesitamos esa otra revolución, que es precisamente esa electrificación industrial, y en Europa tenemos esos «patitos feos» que se han quedado por detrás pero que tienen mucho potencial.

Francisco Rodríguez d’Achille: Nosotros les llamamos «patitos lindos» en este caso… Europa lleva jugando un rol de liderazgo global desde hace al menos 40-50 años y esto se ha desarrollado durante los últimos 15. La inteligencia artificial es posible porque tenemos datos, y cada vez tenemos más necesidad de almacenar, de producir y de tratar ese dato. La electrificación está muy ligada a la transición energética porque antes (hace al menos una década) los sistemas de enfriamiento para el procesamiento y mantenimiento de esos centros de datos se hacía a través con mucha agua, con la que se refrescaban y bajaban las temperaturas, hasta tener unas condiciones de eficiencia óptimas. A día de hoy, en Europa tenemos compañías que suplen esa función. Por ejemplo, tenemos en cartera la compañía sueca Munters, un proveedor global de esta tecnología que lo que hace es desarrollar bombas de refrigeración sin agua para mantener unas temperaturas equilibradas y óptimas en los data centers. En ese sentido, esta small-mid cap (capitaliza 3.5 billions) ha mejorado muchísimo el proceso de optimización de procesos y de condiciones, pero además lo hace sin el agua y a través de la electricidad. De esta forma, hay procesos macro importantes ligados a la temática de la electrificación industrial.

Se cumplen cuatro años desde la pandemia. ¿Cómo ha avanzado desde entonces el sector médico, especialmente a nivel tecnológico? ¿Qué potencial le veis?

José María Luna: Es un sector clave, como la propia vida. Si dedicamos tanto recursos a salvar nuestro planeta, que es donde vivimos, primero debería cuidar de cada uno de nosotros. Lo que hemos aprendido tras la pandemia son dos cosas: lo vulnerable que puede llegar a ser el ser humano y lo importante que es dedicarle recursos, tanto públicos como privados, a todo lo que son medidas de prevención, de tratamiento y de recuperación, ante cualquier tipo de enfermedad. Evidentemente, toda esa inversión, que hasta ahora se canalizaba sobre todo a través de la grandes farmacéuticas, cada vez está teniendo mucho más potencial, y sobre todo en Europa, en la área relacionada con MedTech, es decir, medicina pero con innovación tecnológica. Y precisamente por eso, porque la innovación tecnológica en el campo de la medicina, en el campo farmacéutico, en el campo de trasplantes, etc., es vital y el ser humano se ha dado cuenta de su relevancia, la canalización tanto de fondos públicos como  de la innovación a nivel empresarial en Europa es clave. De hecho, ahora mismo el MedTech es uno de los sectores que pesa en Europa a nivel de empleo y de inversiones. La pandemia, que por desgracia tantas vidas costó, aceleró esas innovaciones médicas que se han convertido en verdaderas temáticas y oportunidades de inversión, más allá de las políticas monetarias y del cortoplacismo que muchas veces nos imprime la noticia en los bancos centrales.

Francisco Rodríguez d’Achille: Los avances, al menos durante las últimas dos décadas, han sido enormes. La función de utilidad social de muchas de las compañías cotizadas que tenemos en Europa es extraordinaria. En Lonvia Capital invertimos alrededor de un 20-25% de nuestra estrategia en tecnología médica, a pesar de que en los últimos dos años han sido compañías bastante castigadas porque han pasado por un proceso de «digestión de inventarios». Y muchas de estas empresas en las que invertimos ayudaron son algunas de las que salvaron muchísimas vidas durante la pandemia. La tecnología médica no deja de avanzar, pero lo interesante de todo esto es que es un sector que reinvierte en torno a un 30% de los beneficios netos de las compañías en I+D y en innovación. Y eso significa que eres una compañía que refuerza barreras de entrada año tras año, porque tu I+D y tu innovación están a niveles muy exigentes. Dentro de nuestra cartera, en Europa hay muchas compañías de tecnología médica que descorrelacionan bastante entre ellas al tratarse de segmentos oftalmológicos, segmentos de conteo de células de ADN, segmentos de implantes dentales, segmentos relacionados con las microcirugías cerebrales, etc. Una compañía a reseñar y en la que empezamos a invertir en el año 2020 es la danesa ChemoMetec, que desarrolla una especie de cassette en el que hacen un conteo de células de ADN de forma automatizada, algo que hace apenas 5 años los médicos hacían a través de un microscopio para personalizar los tratamientos para cada paciente. Es una empresa que lleva 25 años desarrollando este tipo de tecnologías, pero esta tecnología en particular les está llevando a lograr márgenes sobre EBITDA por encima del 45% y crecimientos en términos de beneficio a doble dígito. Esta empresa europea, que vende también a Estados Unidos, Singapur, Indonesia o China, es un ejemplo de apuesta por un segmento mucho menos conocido y en el que hay que hacer los deberes de forma mucho menos minuciosa. Y ahí es donde podemos aportar valor.

¿Cómo materializamos esto en una estrategia?

Francisco Rodríguez d’Achille: Venimos de un 2022 de valoraciones bastante descontadas para la categoría de pequeñas y medianas capitalizaciones europeas. Es un momento bastante propicio para empezar a construir posiciones, pero hay que saber dónde y cómo. Nuestra propuesta es el fondo Lonvia Avenir Mid-Cap Europe, una estrategia que tiene alrededor de 55 compañías, con un máximo de 6% de exposición por compañía, donde invertimos en innovación. Para nosotros es muy importante invertir en los líderes de esos nichos de mercado capaces de convertirse en los líderes globales del mañana. Compañías que puedan crecer en márgenes por encima del 15%, con barreras de entrada muy fuertes y con una filosofía clara de ideas. Es una estrategia traspasable para el inversor español, en torno a 270 millones de euros netos, y con un equipo de gestión que lleva más de 16 años desarrollando está filosofía. 

José María Luna: Ahora que acabamos de pasar éxitos deportivos, no hay que olvidar que los éxitos se consiguen con un trabajo en equipo. No se puede medir una inversión aisladamente. Cualquier idea de inversión hay que medirla en todo su conjunto. Digo esto porque hay veces que detecto mucha ansiedad en determinados fondos de inversión porque no todos los años son los que están metiendo «más goles», y se nos olvidan precisamente todas estas temáticas que, con paciencia, pasan de ser noveles a laureles. Creo que estas ideas en Europa que no se están teniendo en cuenta por los inversores, merecen mucho la pena y en mi caso, como analista y asesor financiero, las tengo muy presentes a la hora de recomendar y diseñar precisamente esos equipos que al final sean los ganadores de la Champions. 

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