Para este gurú de los mercados, el deterioro surge por las restricciones monetarias surgidas de las subidas de tipos de interés que está empujando a la economía y a los beneficios empresariales a los ‘números rojos’. En JP Morgan y en Morgan Stanley coinciden en que el margen de pérdidas acabará catapultando al menos en la misma proporción las opciones de despegue de los precios de las acciones. 
 

El fundador de GMO recuerda en su último post corporativo de su sociedad de valores que la actual es la cuarta burbuja bursátil desde los años veinte y achaca el comportamiento bajista de Wall Street a una triple combinación: a la escalada de los precios energéticos, por un lado; a las tensiones inflacionistas, por otro, y al encarecimiento del dinero, en tercer término. Una triada que ha inflado las expectativas de una corrección histórica de los valores. En consonancia con la trayectoria que han seguido los mercados en escenarios similares, la del Crash de 1929, la crisis del petróleo de 1973 y las puntocom de 2000, en las que las acciones se desplomaron entre un 40% y un 60%.  

No es la primera vez que Grantham incide en esta teoría. Ya lo hizo en junio, cuando el S&P 500 cayó a su nivel más bajo, pero ahora llama la atención que, desde entonces hasta finales del mes pasado, la cotización intradía, como la de la jornada del 16 de agosto, llegó a retroceder en algún momento de la sesión más del 58% que perdió en su nivel más bajo de junio. El mensaje escrito de Grantham es el análisis que trasladó a los clientes de su firma al inicio de septiembre. “Los acontecimientos actuales guardan una extraña y muy intensa relación con las superburbujas que nos han precedido históricamente en los últimos cien años”, afirma. Y, como aquellas, “la caída será similar al calibre de sus ganancias acumuladas”. Aunque, como entonces, “todo descenso resulta recuperable”. A pesar de lo cual, y de que “cada ciclo es diferente y único” -recalca- “me temo que lo peor está todavía por llegar”.   

A su juicio, el endurecimiento de las condiciones crediticias por el alza de los tipos de interés de la Reserva Federal para reconducir una inflación que se ha disparado al 8,5% pero que, al mismo tiempo, ha empujado a la economía estadounidense a la recesión y ha dañado los beneficios de las empresas y, por tanto, debilitado sus activos bursátiles. Según el modelo predictivo de GMO, que tiene en cuenta el retorno de ganancias de activos, la volatilidad de la inflación y la oscilación del PIB, las ratios de retorno de rentabilidades están en la senda de los retrocesos.  

En línea con los presagios de las últimas semanas de bancos de inversión como Morgan Stanley, Bank of America o JP Morgan o de la firma BlackRock, que inciden en unas expectativas todavía demasiado benévolas y elevadas sobre la evolución de los indicadores bursátiles y los valores de empresas que necesitan revisarse seriamente a la baja ante la política monetaria restrictiva de la Fed y la fortaleza inusitada del dólar. 

Las notas a inversores de Bank of America se hacen eco desde finales de julio de un recorte en las valoraciones de las ganancias corporativas que sitúa en el trimestre estival que concluye este mes de septiembre. Un punto de inflexión que también observa John Bilton, estratega jefe global de JP Morgan AM, para quien “la exuberancia veraniega es un poco como bailar Mamma Mia y pensar que todo irá mejor, pero repentinamente se avecina un periodo de ajustes que, como se escuchó en el discurso del presidente de la Fed, Jerome Powell, en la cita estival de Jackson Hole, continuará mientras el banco central americano continúe con su táctica de noquear el IPC de EEUU hasta tener bajo control la escalada de precios”.  Además de restablecer el equilibrio en el balance de la Reserva Federal tras varios años de estímulos monetarios extraordinarios para contener la Gran Pandemia. 

Bilton también llama la atención sobre la pérdida de intensidad en la creación de empleo el mes pasado, cuando se unieron al mercado laboral 315.000 nuevos contratos, frente a los 526.000 de julio. Y, aunque la tasa de paro continúa cómodamente instalada en la plena ocupación, subió dos décimas, hasta el 3,7%. 

Mike Wilson, de Morgan Stanley también observa la coyuntura económica, monetaria y laboral en EEUU como el carburante que impulsará un descenso de los activos. Hay un desajuste nítido, porque el S&P 500, pese a la mejoría de julio y, en menor medida, de agosto, ha caído este año un 18%, pero las ganancias por acción para los próximos 12 meses aún marcan un retroceso de apenas el 1,5% y la ratio precio-beneficios está todavía un 9% más alto respecto al descenso del indicador de junio. Incluso con las dos subidas agresivas de tipos de la Fed en este periodo. 

En Europa, Amundi, el mayor gestor de activos en el Viejo Continente avanza que ha comenzado el ajuste y los recortes de las acciones y que la exposición al riesgo bursátil de los inversores ha aumentado. Con más de 2 billones de euros de valoración de sus carteras de clientes, reconoce que se enfrente a mayores presiones. “Es el momento de acudir a posiciones más defensivas” ya que, pese a que aún puede evitarse una recesión global, “no hay suficientes elementos de juicio que apoyen la tesis de un comportamiento en positivo de las acciones”. Con una nueva versión del credit energy en Europa este otoño a la vista, al que se han sumado incrementos del coste de la vida entre los socios de la Unión, con el PIB americano en receso y la economía china en franco descenso de actividad, las pautas las priorizan los bancos centrales y sus estrategias de subidas de tipos para frenar sus espirales inflacionistas en detrimento de cualquier estímulo a la actividad.      

En Goldman Sachs se unen a las advertencias de un descenso “decisivo” de los valores, ante las elevadas amenazas de recesión en Europa y las señales de pérdida de atractivo inversor en los mercados de bonos. Si bien algunos analistas como Willem Sels, CIO de HSBC Private Banking and Wealth, consideran que surgirá un periodo de consolidación a medio plazo que superará de inmediato los vientos huracanados de finales de verano y el comienzo del otoño. En su estrategia valora más positivamente la evolución de los mercados de capital de EEUU que los activos de las plazas europeas, a los que tilda de “sobrevalorados”. 

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