La multinacional Sacyr, en su constante búsqueda por fortalecer la relación con sus accionistas y retribuir su confianza, ha anunciado el pago de un dividendo flexible que permitirá a sus inversores elegir entre recibirlo en efectivo o en nuevos títulos de la empresa.

Este dividendo, fijado en 0,062 euros por acción, será abonado el próximo 30 de enero, con la opción para los accionistas de optar por recibirlo a través del ‘scrip dividend’, lo que implica una ampliación del capital de Sacyr por un máximo nominal de 13,6 millones de euros, dependiendo de la elección de los inversores.

El periodo para tomar decisiones estratégicas en cuanto al dividendo inicia hoy 12 de enero, momento a partir del cual las acciones de la compañía se negociarán sin derecho al beneficio. El plazo para solicitar la retribución en efectivo vence el 22 de enero, mientras que el inicio de la cotización de los nuevos títulos está programado para el 14 de febrero.

Este anuncio, que representa un aumento del 7% respecto al dividendo del año anterior en estas fechas y se suma al dividendo anterior de 0,078 euros en julio, se enmarca en el contexto financiero de Sacyr, que ha demostrado un incremento del 36% en su beneficio neto atribuible durante los primeros nueve meses del año pasado, alcanzando los 92,4 millones de euros.

Según Antonio Castelo, Analista de iBroker.es, la empresa ha demostrado una transición exitosa de su modelo de negocio, enfocándose en operar infraestructuras, lo que proporciona una base estable y recurrente para la compañía, «Sacyr lleva tiempo haciendo las cosas bien, transformando su modelo de negocio de “gran constructora global” a “operador de infraestructuras”, un negocio mucho más estable y recurrente.»

Sin embargo, a pesar de esta mejora y la visión optimista hacia el futuro de Sacyr, persiste el interés en la reducción de la deuda. A pesar de anunciar ventas de activos para este fin, el mercado sigue atento a la obtención del rating de inversión por parte de la empresa.

«La noticia de la vuelta del dividendo es muy positiva y sin duda va a ayudar a dar todavía mayor visibilidad a un valor que cotiza con un descuento del 15% respecto de su precio objetivo promedio del consenso», añade.

Sobre la decisión de aceptar el efectivo o el canje por nuevas acciones, Castelo lo tiene claro «no podemos concluir que haya una fórmula mejor que otra, ya depende de la tipología de los accionistas y de los objetivos que estos persigan. Los inversores que buscan ingresos periódicos, prefieren los dividendos en efectivo, mientras que los inversores que buscan aumentar su participación en la empresa prefieren los dividendos en acciones. Personalmente preferimos acceder al dividendo en efectivo mejor que vía nuevas acciones, simplemente porque preferimos disponer de liquidez y generar un flujo de renta, pero no tiene por qué ser así para todo el mundo.»

En medio de opiniones divididas entre expertos, Ángel Pérez Llamazares, Analista de Renta 4, destaca la estrategia de cobrar en acciones para aquellos inversores que consideran que el valor actual de la acción está infravalorado y tiene potencial de crecimiento, «creemos que la acción ahora mismo está infravalorada y que tiene potencial lo suficientemente atractivo como para cobrar en acciones».

Pérez insiste en que lo principal para tomar la decisión es el objetivo del accionista. Así, si desea mantener o incluso seguir aumentando su presencia en el accionariado debería optar por el canje de acciones, «ya que de lo contrario, si decides cobrar en efectivo, tu presencia accionarial se diluye». Sin embargo, en el caso de accionistas con una participación muy minoritaria, la opción más inteligente sería optar por el cobro en efectivo, «siempre hemos sido muy proclives a cobrar más en efectivo por el tema de las rentas», de cara a inversores que busquen rentas recurrentes y sostenibles. 

Por otro lado, María Mira, MFIA y analista fundamental, argumenta que las compañías que anuncian pago de dividendo deberían efectuarlo en efectivo, evitando diluir la participación de los accionistas y los costos adicionales asociados con el ‘scrip dividend’, «Creo que las compañías si anuncian pago de dividendo deben pagarlo en efectivo, es decir, repartir parte de sus beneficios o de sus reservas directamente a sus accionistas, que recibirán ese cobro en efectivo sin incurrir en gastos y sin que varíe el capital social de la compañía, es decir, que la tarta siga siendo la misma y por tanto, su participación también. En el caso de scrip dividend no es así. Por una parte, se amplía capital, positivo para la empresa pero dilutivo para el antiguo accionista. Y por otra parte y muy importante, el accionista tendrá que asumir costes de venta de derechos, o de conversión de derechos en acciones nuevas, venta de derechos sobrantes, etc. Cierto que fiscalmente parece menos gravoso cobrar en acciones, al diferir el coste del impuesto, pero en conjunto, si se trata de dividendo, para el accionista siempre es recomendable cobrarlo en efectivo. Si el accionista quiere aumentar su participación en el capital de la compañía lo podrá hacer comprando más títulos, no participando de una ampliación «camuflada» de retribución.»

Esta medida proporciona a los inversores la libertad de elegir la forma en que desean recibir la retribución, ya sea para generar flujo de renta con dividendos en efectivo o para aumentar su participación en la empresa con nuevos títulos, ajustándose a sus objetivos y estrategias financieras.

El anuncio del dividendo flexible por parte de Sacyr abre el debate sobre las preferencias de los accionistas en términos de liquidez versus aumento de participación, ofreciendo a cada inversor la oportunidad de alinear sus intereses con las perspectivas de crecimiento de la compañía.

Este acontecimiento se posiciona como un hito clave en la relación empresa-inversor, llevando a los accionistas a evaluar cuidadosamente su elección antes del plazo establecido para maximizar los beneficios de su inversión en Sacyr.

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